Qué permitía el reglamento
El Grupo B entró en vigor en 1982 con una producción mínima de doscientas unidades, frente a las cinco mil del Grupo A. Los materiales de carrocería eran libres, no había restricción práctica de potencia y las modificaciones sobre el modelo base eran muy amplias.
El resultado fue previsible. Los fabricantes dejaron de adaptar coches de calle y empezaron a diseñar coches de competición a los que después había que fabricarles doscientas versiones matriculables.
Los coches
El Audi quattro impuso la tracción total y obligó a todos los demás a copiarla. El Lancia 037 fue el último campeón con tracción a dos ruedas. El Peugeot 205 T16 y el Ford RS200 llevaron el planteamiento al extremo con motores centrales bajo carrocerías de utilitario.
En paralelo, dos fabricantes prepararon coches para la categoría que nunca llegaron a competir: el Ferrari 288 GTO y el Porsche 959. La cancelación los dejó sin campeonato, y ambos acabaron convertidos en superdeportivos de carretera.
La cancelación
La temporada de 1986 acumuló varios accidentes graves, entre ellos el que costó la vida a Henri Toivonen y Sergio Cresto en el Rally de Córcega. La FIA canceló la categoría al final de esa temporada.
El Grupo B duró cuatro temporadas completas. Su catálogo, precisamente por la limitación de doscientas unidades, es hoy uno de los segmentos más escasos y más buscados del mercado de clásicos.